eriatricarea Borja Altonaga podologia


Un artículo de Borja Altonaga,
vicepresidente del Colegio de Podólogos de Castilla y León

Innovar en los cuidados de larga duración no es únicamente incorporar nuevas tecnologías. También implica transformar la manera en que entendemos la atención a las personas mayores, especialmente en entornos como residencias y centros de día. En este contexto, los modelos de atención integral centrada en la persona (AICP) están marcando el camino hacia una asistencia más humana, más preventiva y más eficaz.

En este nuevo paradigma, la salud del pie debe adquirir una relevancia creciente y la podología, totalmente infravalorada en el ámbito sociosanitario, debe ser elevada al siguiente nivel. No se trata sólo de tratar patologías, sino de preservar la autonomía, prevenir complicaciones graves y mejorar la calidad de vida de las personas mayores. Y ahí es donde la podología debe consolidarse como una pieza clave dentro de los modelos innovadores de cuidados de larga duración, incorporando a las residencias podólogos experimentados y con preparación para abordar cualquier patología de pie y tobillo. Desde la profesión ponemos de manifiesto de forma contundente que actualmente se está infrautilizando la capacidad de los podólogos.

De un enfoque reactivo a un modelo preventivo

Hasta ahora, la atención podológica en residencias se ha limitado a intervenciones básicas: el corte de uñas, el tratamiento de callosidades o la atención a lesiones ya existentes. Sin embargo, la evolución demográfica y el aumento de la esperanza de vida obligan a replantear este enfoque.

Hoy sabemos que la mayoría de los problemas podológicos en personas mayores no aparecen de forma repentina. Son el resultado de procesos progresivos: alteraciones biomecánicas, pérdida de movilidad, enfermedades crónicas como la diabetes, deterioro vascular o cambios estructurales derivados del envejecimiento. Si se detectan a tiempo, muchos de estos problemas pueden prevenirse o controlarse antes de que afecten a la autonomía del paciente.

La podología moderna puede aportar precisamente ese cambio de enfoque: pasar de una atención reactiva como la que se da hoy día a una estrategia preventiva integrada en los cuidados habituales del paciente geriátrico.

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Integrar la podología en los modelos de cuidados de larga duración permite avanzar hacia un sistema más centrado en la persona

La salud del pie y el mantenimiento de la autonomía

Uno de los principales objetivos de los nuevos modelos asistenciales en residencias es preservar la autonomía funcional el mayor tiempo posible. En este sentido, la salud del pie debería desempeñar un papel decisivo.

Dolor al caminar, deformidades digitales, alteraciones en la pisada o lesiones cutáneas aparentemente leves pueden provocar inestabilidad, reducir la movilidad y aumentar el riesgo de caídas. A menudo, estos problemas están pasando desapercibidos hasta que ya han tenido un impacto significativo en la calidad de vida de la persona mayor.

La intervención podológica podría permitir actuar en una fase temprana: detectar factores de riesgo, mejorar el apoyo plantar, aliviar el dolor y favorecer una marcha más estable. Esto no sólo mejoraría el bienestar del paciente, sino que también reduciría complicaciones que tienen un alto impacto sanitario y social.

Innovación también es organización asistencial

Cuando hablamos de innovar en cuidados de larga duración, tendemos a pensar en dispositivos tecnológicos o soluciones digitales. Sin embargo, uno de los cambios más relevantes es organizativo: integrar nuevos perfiles profesionales, con todas las competencias, en los equipos multidisciplinares. El servicio podológico tiene que estar junto al servicio médico y de enfermería, no asociado al servicio de peluquería, como ocurre casi siempre. Porque la podología es una profesión sanitaria, no estética.

El podólogo puede aportar una visión específica que complementaría la labor de otros especialistas sanitarios y sociosanitarios: profesionales de medicina, enfermería, fisioterapia, terapeutas ocupacionales y equipo de gerocultura. La coordinación entre profesionales permitiría diseñar estrategias preventivas más eficaces y ofrecer una atención verdaderamente integral.

Por ejemplo, la valoración podológica periódica podría aportar información clave sobre el estado funcional del paciente, su riesgo de caídas o la evolución de patologías crónicas. Esta información resultaría especialmente útil para planificar intervenciones de fisioterapia, adaptar el calzado o mejorar los protocolos de prevención.

Tecnología aplicada a la prevención del riesgo de caídas

La innovación tecnológica también está abriendo nuevas posibilidades en el ámbito de la podología geriátrica que deberían ser considerados. Hoy existen herramientas que permiten analizar la pisada, estudiar la presión plantar o detectar alteraciones en la marcha con una precisión impensable hace sólo unos años. Y esta tecnología, que ya está en muchas clínicas podológicas privadas, debería incorporarse sin complejos a las residencias.

Estas tecnologías no sólo tendrían un valor diagnóstico, sino también preventivo. Identificar zonas de sobrecarga, desequilibrios en el apoyo o patrones de marcha inestables permitiría intervenir antes de que aparezcan lesiones o caídas. La consulta podológica en el seno de las residencias debería contar con un mínimo de equipamientos básicos, asimilable a los de cualquier clínica podológica. Para ello, en el diseño de estos espacios, ya en la fase de proyecto, debería contarse con el asesoramiento de un profesional de la podología.

En un entorno como el de las residencias, donde el riesgo de caídas es uno de los principales problemas de salud, este tipo de herramientas podría contribuir de forma decisiva a mejorar la seguridad de las personas residentes.

La necesaria innovación en el abordaje del pie diabético en residencias

Otro ámbito en el que la podología está demostrando a la sociedad su valor dentro de los cuidados de larga duración es el abordaje del pie diabético. Cada vez más personas mayores institucionalizadas padecen diabetes y presentan factores de riesgo elevados: neuropatía (pérdida de sensibilidad), problemas vasculares, deformidades o dificultad para el autocuidado. Y estas patologías y problemas deberían ser abordados por profesionales de la podología cualificados y con experiencia en pie diabético.

La intervención podológica periódica permitiría detectar lesiones incipientes, prevenir infecciones y evitar complicaciones graves. En muchos casos, una actuación temprana marca la diferencia entre una pequeña lesión tratable y una complicación que termine afectando seriamente a la calidad de vida del paciente, con una amputación y poniendo en grave riesgo la vida de la persona.

La innovación, en este caso, no estaría sólo en la tecnología, sino en la prevención sistemática y en la coordinación con otros profesionales sanitarios.

Protocolos podológicos y prevención de úlceras

Los nuevos modelos de cuidados de larga duración deben apostar por protocolos cada vez más estructurados para prevenir complicaciones. La podología puede contribuir de forma decisiva en este ámbito, también en la prevención de lesiones cutáneas y úlceras en el miembro inferior.

La valoración periódica del estado de la piel, la detección de zonas de presión o la adaptación de ortesis plantares son medidas que podrían reducir significativamente la aparición de lesiones, especialmente en pacientes con movilidad reducida.

Este enfoque preventivo no sólo mejoraría la calidad de vida de las personas residentes, sino que también contribuiría a optimizar los recursos sanitarios y reducir intervenciones más complejas.

Digitalización y seguimiento del paciente geriátrico

Otro de los ejes en los que se debe innovar en cuidados de larga duración es la digitalización. El seguimiento podológico del paciente institucionalizado debería integrarse en los sistemas de historia clínica electrónica de cada centro que, a su vez, tendrían que estar conectados con el servicio público de salud de la comunidad de referencia, lo que facilitaría la coordinación entre profesionales y permitiría realizar un seguimiento más preciso de la evolución del paciente.

Registrar la evolución de una lesión, documentar cambios en la pisada o hacer seguimiento de la eficacia de un tratamiento son aspectos que podrían mejorar significativamente la calidad asistencial si se incorporasen a un sistema digital estructurado.

La podología, por tanto, no debe verse sólo como una intervención menor, sino como un proceso continuo de evaluación, prevención y seguimiento.

El podólogo como parte del equipo multidisciplinar

Los modelos de atención centrada en la persona parten de una idea sencilla: ninguna disciplina, por sí sola, puede responder a todas las necesidades del paciente geriátrico. La atención integral exige coordinación, comunicación y trabajo en equipo.

El profesional de la podología puede y debe aportar una perspectiva específica que incidiría directamente en la movilidad, la autonomía y la prevención de complicaciones. Su integración real en los equipos de cuidados de larga duración no sólo mejoraría la calidad asistencial, sino que también reforzaría el enfoque preventivo que debe caracterizar a los nuevos modelos de atención.

Un cambio necesario en los cuidados de larga duración

La innovación en el ámbito sociosanitario no consiste únicamente en hacer cosas nuevas, sino en hacer mejor lo que realmente importa: mejorar la calidad de vida de las personas mayores.

La podología puede contribuir decisivamente a ese objetivo. Preservar la movilidad, prevenir complicaciones, reducir el dolor y favorecer la autonomía son elementos esenciales para un envejecimiento digno y saludable.

Integrar la atención podológica en los modelos de cuidados de larga duración no constituiría sólo una mejora asistencial. Sería una forma de avanzar hacia un sistema más preventivo, más humano y más centrado en la persona.