Un artículo de Grupo Emera
El cambio de paradigma en el sector sociosanitario hacia la Atención Centrada en la Persona (ACP) ya no es una declaración de intenciones, sino una exigencia asistencial y ética. Sin embargo, el verdadero reto para las organizaciones no radica en asumir el concepto, sino en su traducción operativa dentro de las rutinas diarias de las residencias.
El abordaje de los síndromes geriátricos que cursan con la alteración de las funciones mentales superiores constituye uno de los mayores desafíos éticos y asistenciales del sector sociosanitario. Entre ellos, el deterioro cognitivo crónico exige un modelo clínico y ambiental capaz de responder a la agitación y la desorientación sin recurrir a la rigidez institucional.
En este escenario, el Grupo Emera ha consolidado un modelo asistencial que demuestra cómo la ACP puede vertebrar la gestión, la arquitectura y el cuidado diario, transformando los centros en verdaderos hogares donde se protege la autonomía y la dignidad de las personas mayores.

La Historia de Vida como herramienta asistencial diferencial
La personalización del cuidado comienza antes incluso del ingreso. A través de una entrevista previa pormenorizada, los equipos multidisciplinares recopilan la Historia de Vida de la futura persona residente. Cuando la demencia avanza y altera las funciones cognitivas, la Historia de Vida se convierte en la herramienta asistencial diferencial para el equipo multidisciplinar.
Esta herramienta no es un mero documento de archivo; se convierte en el «manual de instrucciones» para todo el personal. Conocer los hábitos de la persona usuaria, su trayectoria profesional, sus gustos musicales, sus preferencias horarias o aquellos pequeños detalles que forman su identidad, respetando el quién fue, quién es y quién quiere ser, permite construir un Plan de Atención centrado en la Persona. De este modo, no es la persona la que se tiene que adaptar a la rigidez de una institución, sino que el funcionamiento del centro se flexibiliza para respetar su continuidad vital.
Unidades de Convivencia: Arquitectura al servicio del bienestar
La aplicación práctica de la ACP requiere entornos facilitadores, como la sectorización de los centros en Unidades de Convivencia de tamaño reducido.
Estos espacios funcionan como «pequeños hogares» independientes dentro de la residencia, con sus propias salas de estar y comedores adaptados. Esta disposición arquitectónica aporta ventajas metodológicas cruciales:
- Entornos hogareños y seguros
Reducen la sobreestimulación y la desorientación, factores críticos en personas con deterioro cognitivo. - Diferenciación de perfiles
Permiten adaptar la intensidad de los cuidados y las actividades a las necesidades reales de cada grupo (personas autónomas, grandes dependientes o personas usuarias con demencias avanzadas). - Fomento de las relaciones sociales
Al interactuar en grupos reducidos, se genera un clima de cercanía, confianza y pertenencia tanto entre los propios residentes como con el equipo de profesionales de referencia. Siempre compartiendo el tiempo con profesionales de referencia que generan un entorno de confianza para la persona residente.

El cuidado libre de sujeciones y el «Modelo Amigable» con las Personas con Demencia
Uno de los pilares éticos más exigentes de la ACP es la erradicación de las restricciones físicas y químicas. Los centros se diseñan bajo la premisa de la no sujeción como un compromiso irrenunciable, una práctica avalada y auditada de la mano de expertos y programas de referencia en España.
Esta visión se materializa en la implantación de estándares de «Centro Amigable con las personas con Demencia». En la práctica, esto se traduce en que un diagnóstico de deterioro cognitivo no conlleva una pérdida de derechos o de libertad de movimientos. Espacios específicos, como las Unidades de Cuidados Especiales (UCE) dotadas de sus propios patios exteriores accesibles, garantizan que los residentes puedan disfrutar del aire libre y de una movilidad segura, minimizando los niveles de ansiedad y promoviendo el bienestar emocional.
Co-creación y el papel activo de las familias
Para que la ACP sea real, las familias no pueden ser consideradas meras visitantes; deben ser parte activa de la comunidad del centro, fomentando entornos de puertas abiertas donde los familiares participan de los espacios comunes —como jardines o cafeterías— y se implican en las deliberaciones del centro.
Asimismo, ante dilemas de valores o situaciones asistenciales complejas que puedan surgir en el día a día, la organización cuenta con el respaldo de su Comité de Ética Asistencial (CEA). Este órgano consultivo e interdisciplinar actúa como un garante externo e interno, analizando cada caso desde la prudencia y la deliberación compartida, asegurando que cualquier decisión respete la voluntad y la dignidad de la persona.
Un modelo sostenible y humano
La experiencia práctica demuestra que la Atención Centrada en la Persona es una inversión en calidad de vida. Al poner el foco en lo que cada persona «puede y quiere hacer» se logra mitigar el estrés de las personas residentes y de las familias, y generar un inmenso orgullo de pertenencia en los profesionales del sector. En definitiva, una evolución necesaria hacia una atención sociosanitaria que dignifica el proceso de envejecer.