geriatricarea inteligencia emocional Mayte Vázquez Resino



Un artículo de Mayte Vázquez Resino,
Psicóloga Sanitaria

«No todos los que vagan están perdidos»
J.R.R. Tolkien

Introducción

El síndrome confusional agudo (SCA), también denominado “delirium”, constituye una de las complicaciones neuropsiquiátricas más frecuentes en los pacientes adultos mayores hospitalizados. Se caracteriza por una alteración aguda y fluctuante del estado de conciencia, la atención y las funciones cognitivas, acompañada de cambios en el ciclo sueño-vigilia y en la percepción (American Psychiatric Association [APA], 2022).

Su aparición se asocia con un incremento significativo tras estancias hospitalarias, siendo generalmente un estado reversible y frecuente causado por la combinación del encierro, la falta de luz natural, medicamentos, dolor o infecciones, entre otros.

La incidencia del delirium aumenta con la edad y la fragilidad del paciente. Diversos estudios estiman que afecta entre el 15% y el 50% de los adultos mayores durante la hospitalización, alcanzando prevalencias superiores al 70% en unidades de cuidados intensivos y en el período posoperatorio (Inouye et al., 2014; Oh et al., 2017).

Concepto. Factores predisponentes y precipitantes

El delirium es un trastorno neurocognitivo que se desarrolla en un corto período, generalmente en horas o días, y cuyo curso suele ser fluctuante y reversible.

De acuerdo con el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5-TR, 2022), los criterios diagnósticos incluyen alteraciones de la atención, la conciencia y la cognición, atribuibles a una condición médica, intoxicación o abstinencia de sustancias, o a múltiples etiologías (American Psychiatric Association, 2022).

Desde el punto de vista clínico, el síndrome puede manifestarse en tres formas:

  • Delirium hiperactivo: predominan la agitación psicomotora, la inquietud y las alucinaciones.
  • Delirium hipoactivo: caracterizado por somnolencia, apatía y disminución de la respuesta al entorno, siendo el subtipo más frecuente y el que con mayor frecuencia pasa desapercibido.
  • Delirium mixto: alternancia entre síntomas hiperactivos e hipoactivos (Inouye et al., 2014).

El delirum, por tanto, es un modelo multifactorial que responde e interactúa a factores predisponentes y desencadenantes. Entre los principales factores predisponentes destacan la edad avanzada, el deterioro cognitivo previo, la demencia, la fragilidad, la desnutrición, la discapacidad funcional y la presencia de múltiples comorbilidades (Inouye et al., 1996).

Entre los factores de riesgo y precipitantes se incluyen:

  • Infecciones.
  • Cirugías mayores. Sobre todo, de cadera.
  • Dolor no controlado.
  • Polifarmacia, especialmente con fármacos anticolinérgicos, benzodiacepinas y opioides.
  • Trastornos hidroelectrolíticos.
  • Hipoxia.
  • Privación del sueño.
  • Inmovilidad prolongada.
  • Uso de dispositivos invasivos, como sondas urinarias y catéteres venosos (National Institute for Health and Care Excellence [NICE], 2023).

El diagnóstico del delirium es esencialmente clínico y requiere una evaluación sistemática. Entre las herramientas de cribado más utilizadas destaca el Confusion Assessment Method (CAM), desarrollado por Inouye y colaboradores, que presenta elevada sensibilidad y especificidad para la detección del síndrome en pacientes hospitalizados (Inouye et al., 1990).

El diagnóstico diferencial debe realizarse principalmente con la demencia, la depresión y otros trastornos psiquiátricos, considerando que el delirium presenta un inicio agudo y un curso fluctuante, mientras que la demencia suele evolucionar de forma progresiva.

geriatricarea Sindrome Confusional Agudo
El síndrome confusional agudo es una complicación frecuente, potencialmente prevenible y de elevada repercusión clínica


Características del síndrome confusional ocasionado por estancias hospitalarias

Siguiendo a Moro, L. (2022), el síndrome confusional derivado de estancias hospitalarias aparece de forma repentina y oscila a lo largo del día; el paciente suele estar muy agitado por la noche y somnoliento de día.

Asimismo, los síntomas manifestados incluyen desorientación espaciotemporal (no saber dónde se encuentra en esos momentos), problemas de atención, incoherencia al hablar o incluso alucinaciones (sobre todo de persecución) y delirios auditivos y visuales.

Otras variables manifestadas:

  • Inversión del ritmo sueño-vigilia.
  • Incapacidad de mantener la atención ante un estímulo externo.
  • Deterioro de la memoria reciente.
  • Alucinaciones visuales que son más intensas durante la noche y que viven con miedo y angustia.
  • Estados de agitación e intranquilidad que se alternan con otros de somnolencia y sosiego.
  • Incoherencia del lenguaje. Pensamiento desorganizado, fragmentado, y distorsionado.
  • Alteraciones del humor.

Las unidades de cuidados intensivos (UCI) pueden favorecer la aparición o el empeoramiento de la confusión en los pacientes. En este entorno, las personas suelen permanecer aisladas y, en muchos casos, carecen de referencias temporales como ventanas o relojes que les permitan orientarse.

Además, el ruido constante de los monitores, la iluminación continua y las frecuentes intervenciones del personal sanitario, como la extracción de muestras de sangre, el cambio de catéteres intravenosos o la administración de medicamentos, pueden alterar significativamente el descanso.

La privación del sueño incrementa la probabilidad de presentar desorientación y confusión. En algunos casos, esta alteración puede evolucionar hacia una forma de delirio conocida como psicosis de la UCI.

Cuando un paciente hospitalizado muestra un nivel de desorientación superior al habitual, es fundamental que los familiares informen al personal sanitario para evitar que estos síntomas se interpreten erróneamente como parte de su comportamiento normal. El delirio suele ser reversible si se identifica y trata la causa desencadenante, ya sea una enfermedad, el efecto de un medicamento u otro factor de estrés.

En situaciones de mayor gravedad, el paciente puede llegar a no comprender el motivo de su hospitalización, manifestando agitación e intentando levantarse de la cama, retirarse las vías intravenosas u otros dispositivos médicos, o realizar acciones que representen un riesgo para sí mismo o para quienes lo rodean.

Asimismo, puede interpretar de manera equivocada las acciones de otras personas como amenazas y reaccionar de forma defensiva. En estos casos, la presencia de un familiar o una persona de confianza puede contribuir a tranquilizar al paciente. En ocasiones, el hospital asigna a un profesional para supervisarlo de forma continua con el fin de prevenir conductas peligrosas.

Solo en situaciones excepcionales es necesario recurrir a medidas de contención física o al uso de dosis bajas de medicamentos antipsicóticos hasta que el episodio de confusión remita. Pistoria y cols. (2025).

Evaluación e intervención

En la evaluación y diagnóstico es importante delimitar las causas de la confusión, para revertirlas a la mayor brevedad y precisar si las mismas se deben al ingreso hospitalario, aislamiento, suministro de fármacos de larga duración, ansiedad, etc, para aplicar igualmente unas recomendaciones de índole multidisciplinar, incluyendo a la familia, por ello es importante tener en cuenta las siguientes nociones.

Desde los profesionales de la salud en general y de la psicología en particular, aunque no se ha demostrado que ninguna terapia específica acorte la duración del delirio, el asesoramiento profesional puede ayudar a los pacientes a procesar sus experiencias en la UCI y a gestionar cualquier efecto psicológico persistente, de esta manera destacamos:

  • La terapia cognitivo-conductual (TCC ) ha demostrado ser eficaz para tratar los síntomas psicológicos tras una enfermedad crítica.
  • Apoyo especializado para procesar experiencias traumáticas en la UCI
  • Estrategias para manejar la ansiedad, la confusión o los recuerdos perturbadores. Técnicas de respiración y relajación.
  • Técnicas para mejorar el sueño y reducir el estrés
  • Atención continua durante la transición del hospital al hogar

Para ayudar a su familiar a recuperarse, es fundamental seguir estas pautas:

  • Reorientación constante: Coloque un reloj grande y un calendario visible. Hable con calma, recuérdele dónde está y quiénes son sus familiares.
  • Movilización progresiva: En cuanto el equipo médico lo autorice, anímele a sentarse al borde de la cama, levantarse y caminar distancias cortas.
  • Acompañamiento: Si es posible, mantenga a un familiar o cuidador de confianza junto a él para darle seguridad y evitar el aislamiento.
  • Estímulos sensoriales: Asegúrese de que tenga puestas sus gafas y audífonos si los necesita. Abra las persianas durante el día para que distinga el ciclo de luz.
  • Hidratación y nutrición: Evite la deshidratación ofreciéndole líquidos frecuentemente y vigile que ingiera los alimentos.
  • Descanso nocturno: Procure que el entorno sea silencioso por la noche, atenuando las luces para ayudarle a conciliar el sueño.

Siguiendo las pautas de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), esta sintomatología requiere una actuación rápida pero tranquila, evitando en la medida de lo posible las sujeciones físicas (SEGG, 2014), ya que suelen aumentar la agitación y la confusión., comunicar de una manera paciente y tener como marco de actuación el modelo de atención centrado en la persona (MACP): sus intereses, gustos y preferencias en la recuperación.

Prevención

Los geriatras y psicólogos recordamos que entre el 30% y el 40% de los casos se pueden prevenir mediante una serie de pautas bastante sencillas. De esta forma los familiares y el entorno más cercano, como ya hemos indicado, pueden ayudar a los mayores a no sentirse desorientados durante su ingreso en el hospital:

  • Acompañar durante las primeras 48 horas del ingreso, también por la noche.
  • Siempre que sea posible, estimule la movilidad del mayor, moviéndole, animándole a pasear…
  • Si lleva gafas o audífonos asegurar que los usa también durante la estancia en el hospital.
  • Procurar que descanse por la noche y esté activo durante el día.
  • Hablar con él, y animarle a leer, juegos de mesa, etc.
  • Reorientar. Es conveniente explicarles el por qué están ingresados, qué día es de la semana, del mes, dónde están, etc.
  • También se les pueden facilitar objetos personales para que su estancia sea más agradable (fotos, su música, lectura, etc).
  • Asegurarnos de que bebe suficiente agua y que come lo que los profesionales sanitarios han indicado.

Conclusión

El síndrome confusional agudo constituye una complicación frecuente, potencialmente prevenible y de elevada repercusión clínica en el adulto mayor hospitalizado. Su reconocimiento temprano, junto con la implementación de medidas preventivas y un abordaje multidisciplinario, permite reducir la morbimortalidad, mejorar la recuperación funcional y disminuir los costos asociados a la atención sanitaria. El fortalecimiento de las competencias del personal de salud, especialmente de enfermería, resulta esencial para garantizar una atención segura y centrada en el paciente.

Bibliografía