Un artículo de Maite Ferré, Directora del Centro Residencial Colònia Güell (Suara Cooperativa).

Cuando pensamos en el envejecimiento, es habitual asociarlo a enfermedades como la hipertensión, la diabetes o la artrosis. Sin embargo, en geriatría existe un concepto clave que va mucho más allá del diagnóstico de una enfermedad concreta: los síndromes geriátricos.

Se trata de un conjunto de situaciones clínicas muy frecuentes en las personas mayores, que tienen un origen multifactorial y afectan de forma importante a su autonomía, su funcionalidad y, en definitiva, a su calidad de vida.

Su detección precoz y un abordaje integral son fundamentales para prevenir complicaciones, retrasar la aparición de situaciones de dependencia y favorecer un envejecimiento más saludable.

geriatricarea Sindromes geriatricos suara
Ante un síndrome geriátrico se debe realizar una valoración integral que contemple el estado físico, cognitivo, emocional, funcional y social de la persona


¿Qué son los síndromes geriátricos?

Los síndromes geriátricos son problemas de salud que aparecen con mayor frecuencia en las personas mayores y que suelen ser consecuencia de la interacción de múltiples factores: cambios propios del envejecimiento, enfermedades crónicas, medicación, deterioro funcional o circunstancias sociales, entre otros.

A diferencia de otras patologías, no suelen tener una única causa, por lo que requieren una valoración global de la persona y la intervención coordinada de diferentes profesionales.

Más que centrarnos únicamente en la enfermedad, debemos preguntarnos cómo está viviendo esa persona, qué ha cambiado en su día a día y qué consecuencias tienen esos cambios en su autonomía y bienestar.

Los síndromes geriátricos más frecuentes

Aunque existen muchos, algunos de los más habituales son:

  • Las caídas y el riesgo de nuevas caídas.
  • La inmovilidad y la pérdida de capacidad funcional.
  • La incontinencia urinaria y fecal.
  • El deterioro cognitivo y las diferentes demencias.
  • El delirium o síndrome confusional agudo.
  • La desnutrición y la deshidratación.
  • Las úlceras por presión.
  • La fragilidad.
  • La polifarmacia y los efectos adversos de la medicación.
  • Los trastornos del sueño.
  • La depresión, la ansiedad y el aislamiento social.

En muchas ocasiones, varios de estos síndromes aparecen al mismo tiempo y se retroalimentan entre sí. Por ejemplo, una caída puede provocar miedo a volver a caminar; ese miedo favorece la inmovilidad y la pérdida de fuerza muscular y, finalmente, aumenta aún más el riesgo de nuevas caídas.

La importancia de una valoración geriátrica integral

Uno de los grandes retos de la geriatría es entender que no basta con tratar un síntoma de forma aislada. Ante un síndrome geriátrico, es necesario realizar una valoración integral que contemple el estado físico, cognitivo, emocional, funcional y social de la persona.

Solo así es posible identificar la causa o las causas que lo están provocando y diseñar un plan de intervención realmente eficaz, individualizado y adaptado a sus necesidades.

La prevención: la mejor herramienta

Muchos síndromes geriátricos pueden prevenirse o, al menos, se puede retrasar su aparición. Mantener la movilidad, realizar ejercicio adaptado, seguir una alimentación equilibrada, revisar periódicamente la medicación, favorecer la estimulación cognitiva, detectar precozmente los cambios funcionales y promover las relaciones sociales son estrategias que han demostrado tener un impacto positivo en la salud de las personas mayores.

Pero, sobre todo, es imprescindible observar. En geriatría, pequeños cambios pueden ser el primer aviso de que algo no va bien. Una persona que deja de participar en las actividades, camina más despacio, duerme peor, pierde el apetito o deja de relacionarse como lo hacía habitualmente nos está enviando señales que no debemos pasar por alto.

Un abordaje centrado en la persona

Los síndromes geriátricos no deben entenderse únicamente como una suma de problemas médicos. Detrás de cada uno de ellos hay una persona con una historia, unos hábitos, unas preferencias y una manera única de vivir.

Por eso, el objetivo no debe ser únicamente tratar la enfermedad, sino preservar la autonomía, mantener la funcionalidad y favorecer la mejor calidad de vida posible durante el mayor tiempo posible.

En geriatría, cuidar significa mirar a la persona en su conjunto. Porque, en muchas ocasiones, no podemos evitar el paso de los años, pero sí podemos contribuir a que esos años se vivan con mayor bienestar, dignidad y sentido.

Me gustaría terminar con una reflexión que resume, en gran parte, la esencia de la geriatría: muchas veces, los grandes problemas empiezan con pequeños cambios. La diferencia está en contar con profesionales capaces de detectarlos a tiempo. Porque observar, escuchar y conocer realmente a la persona siguen siendo algunas de las herramientas más valiosas que tenemos para cuidar.